Como madres y padres de cuatro jugadores/as y una entrenadora del club, nos vemos en la obligación de manifestar nuestro malestar ante las formas utilizadas en el reciente comunicado publicado, en el que se hace referencia a padres, entrenadores/as y “pareja activa”.
Más allá del contenido, que puede ser objeto de debate y reflexión, resulta preocupante el poco respeto hacia colectivos que, en su inmensa mayoría, dedican tiempo, ilusión y esfuerzo al deporte y a la educación en valores.
Padres y entrenadores no somos el problema, somos parte esencial de la solución. Acompañamos, educamos, formamos y sostenemos estructuras deportivas que, sin nuestra implicación, simplemente no existirían. Señalar de manera indiscriminada genera confrontación, malestar y una sensación de injusticia que no contribuye a mejorar aquello que se pretende corregir.
El deporte base merece análisis serios, responsables y empáticos. Padres y entrenadores también merecemos consideración y reconocimiento, no acusarnos de obstaculizar la práctica del deporte de nuestros hijos/as.
El conflicto que nos ha llevado a esta situación nos afecta a todos/as, tanto niños/as, entrenadores/as, padres/madres y por supuesto como usted se refiere, “pareja activa”. Ya que si no fuera por todos ellos, en Leitza sería impensable que aproximadamente 300 deportistas pudieran realizar aquel deporte que tanto les gusta y tan necesario es para su salud.
Si tanto le preocupa la situación de estos niños, ¿usted cree de verdad que nuestro objetivo es perjudicar a estos niños/as? ¿si tanto se preocupa por nuestros hijos/as por qué no se ha informado por el motivo real por el cual estamos en esta situación? ¿si tanto se preocupó el sábado por los partidos de nuestros niños/as, no le llamó la atención que el partido de Primera Regional (casi todos mayores de edad) se jugara a las 16.30 e infantiles (12-13 años) se tuviera que jugar a las 19 horas?