He seguido con mucho interés todos los vaivenes relacionados con el futuro del Monumento a los Caídos. Y creo que estamos a tiempo, después de tantos dimes y diretes, de realizar una auténtica consulta a la ciudadanía. Sí, un referéndum en toda regla para comprobar lo que realmente piensa o desea el pueblo de Pamplona y/o de Navarra, cuestión ésta que habría que dilucidar a la hora de la realización del plebiscito.

Como el Monumento no puede ser demolido de acuerdo con la normativa vigente, se me ocurren estas alternativas:

A) Dejarlo como está. Que quede como testimonio de una etapa felizmente superada, como ocurre con otros monumentos europeos de todos conocidos.

B) Resignificarlo como pretenden quienes abogan por su conversión en el Museo para la Ciudad de Pamplona.

C) La solución propuesta por el Ayuntamiento de Pamplona, bien los proyectos de ahora o, incluso, los anteriores.

Y no lo llamen Maravillas Lamberto, cuyo nombre ya ha sido designado para el futuro Instituto de la Memoria Histórica ubicado en el Casco Viejo. Mejor sería en todo caso nominarlo con alguna destacada figura del republicanismo navarro de la época, como, por ejemplo, Florencio Alfaro u otros. Una sugerencia.

Por supuesto, que el referéndum deberá ser vinculante, siempre y cuando participe al menos el 50% del censo electoral de Pamplona y/o de Navarra. Empecemos la casa por el tejado. Venga, a quien corresponda, anímese.