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Cómo me gusta ver los teatros llenos

Cómo me gusta ver los teatros llenos

El pasado sábado, y con el aforo casi completo, disfrutamos en familia de una buena obra en la calentita y acogedora Escuela Navarra de Teatro, preciosa rara avis de la escena navarra, y me atrevería a decir de la escena mundial.

La ENT-NAE es un ejemplo de resiliencia, flexibilidad y adaptación a estos tiempos modernos llenos de pantallas diseñadas para no pensar, para no sentir y para no socializar. Darwin la hubiera puesto como ejemplo palpable de su teoría sobre la evolución por su capacidad de reinventarse y sobrevivir con dignidad, humildad y sobriedad.

El caso es que en otras ocasiones hemos intentado ir a otras obras en los muchos teatros y salas de cultura de la cuenca y nos hemos encontrado con que está todo vendido. Y cuando nos hemos intentado organizar para comprar las entradas por adelantado, siempre nos tocan las últimas filas, y gracias…

Creo que las familias, yendo al teatro, buscamos algo real frente a las pantallas que engatusan, roban y lavan el cerebro a nuestros hijos. El teatro es real, es verdad, lo estamos viendo en sociedad, todos vemos lo mismo en el mismo momento, no hay engaño.

Y esta necesidad actual de sentir verdad y realidad se puede encontrar en el monte, en una sobremesa sin móviles o en el teatro. El teatro es un pacto entre espectador y artista para crear un remanso de verdad desde la ilusión de la representación.

En medio de esta tempestad de bulos, hechos alternativos y palabras vaciadas de significado adrede en que se ha convertido hoy en día nuestra sociedad, el teatro es un faro, una flecha amarilla en el camino, una caricia y un susurro.

Es curioso que el teatro, que siempre ha sido “una realidad paralela”, una “casi” mentira, una “imitación”, sea hoy en día de las pocas realidades palpables y sólidas en este mundo líquido y retorcido que nos está tocando digerir.

Aúpa a esos cómicos y cómicas, a seguir creando verdad, la necesitamos.