La verdad es que no sé por qué vivimos tan tranquilos, con nuestras familias y trabajos, en nuestro espacio de confort, pensando que esto es para siempre y que el mal y su amenaza no va con nosotros. No pretendo ser cenizo, ni mucho menos, lo que quiero es llamar la atención de los resignados, incluso complacidos, sobre la que se nos viene encima.
Hablo en masculino porque las mujeres ni están resignadas ni mucho menos complacidas con lo que ya tienen que soportar. Ellas sí saben el camino que deben transitar, aunque también saben que lo tienen jodido, y nosotros no es que ayudemos mucho.
Nosotros somos más de “ya lo he conseguido” y montar una tienda para siempre jamás. Ellas están acostumbradas a luchar, aunque muchos de nosotros no entiendan el motivo de su lucha permanente. Así que, en esto que planteo, les irá mejor a ellas que a nosotros porque su actitud ante la vida es más adecuada que la nuestra.
En menos de un soplo podemos pasar de esta seguridad ficticia a una precariedad manifiesta, a nada que sigamos la evolución que se ha dado en EEUU, para lo que contamos con todos los ingredientes aquí también. Y esto es lo que debería disparar todas las alarmas. Luego, que cada cual actúe como le indique su brújula para no llevarse a engaño.