Aquellas cosas que hemos olvidado
Durante la última semana, el escritor David Uclés ha causado gran polémica al renunciar a participar en unas jornadas dentro del festival Letras de Sevilla. Este encuentro sobre la Guerra Civil Española, coordinado por Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra, ha sido nombrado bajo el desafortunado título de La guerra que todos perdimos. Tras estos sucesos, el evento ha sido aplazado. Por ello, resulta sorprendente ver cómo el señor Pérez Reverte, quien tiene sobre sus espaldas una amplia experiencia como corresponsal de guerra, aún no entiende que en todo conflicto armado hay vencedores y vencidos. ¿Cómo puede ser que de un suceso tan catastrófico, que comenzó con un golpe militar y terminó con el llamado Día de la Victoria, se diga que todo el mundo ocupó el bando perdedor? Este evento es, en su esencia, un insulto a los 500.000 seres humanos que perdieron la vida en esa infernal contienda.
Estos absurdos intentos de reconciliación fraternal y de cooperación política tratan de plantar cara a la situación de polarización actual que todos sufrimos. Tal vez, estos bochornos no ocurrirían si en España hubiera habido la valentía suficiente para realizar una verdadera transición política, libre de mentiras e injusticias. Y mientras ingenuos y culpables se dan la mano en convenciones sobre la guerra, la izquierda parece luchar contra gigantes, los cuales no son más que simples molinos de viento.
Contemplando este panorama desolador se puede llegar a la conclusión de que nuestra sociedad ya no se preocupa por la guerra puesto que la ha normalizado e integrado en su propia vida. Por esto mismo, ciertos sectores se toman la licencia para pisotear la memoria de un país que no termina de cicatrizar sus heridas. Esta actitud puede traspasarse al ámbito internacional donde ni los delirios de grandeza de Trump ni el genocidio en Oriente Medio parecen conmover al ciudadano promedio.
Ojalá nuestra sociedad haga un esfuerzo por recuperar una conciencia política en la que prime la empatía, la bondad, el pensamiento crítico y el respeto hacia nuestra historia. Necesitamos una juventud que diga basta a la violencia y a la barbarie. Si aceptamos todo esto únicamente estaremos negando la realidad, justificando la miseria humana. No podemos huir del mundo en el que habitamos. Cierro estas líneas con unos versos de Una lágrima en el suelo, tema del legendario grupo Barricada: “Que no envuelva la sal la piel de la memoria, que la quieren dejar muda, ciega, coja, sorda y rota”.