Carlos Guzmán, como representante de Contigo-Zurekin, ha publicado en este medio, una interesante carta sobre su posición política respecto a la proposición de ley para la derogación de la Ley Foral 15/2020, que afecta a las jornadas laborales del profesorado de religión en Navarra.
Desde el respeto a las ideas de cada cual, me permito señalar algunas cuestiones que me parece necesario aclarar. Habla de la situación anacrónica de la presencia de las clases de religión en el sistema público, opinión respetable, pero conviene indicar que no somos una isla en el mundo europeo. Una mirada por el resto de Europa nos permite observar que la presencia de la clase de religión en los centros públicos está normalizada, eso sí, cada país con sus peculiaridades fruto de su historia. Francia puede ser con matices la excepción, dado que no existe la asignatura, pero por citar a otro país, en Finlandia, referente europeo en calidad educativa, la enseñanza de religión es prácticamente obligatoria para todo el alumnado.
Habla de la selección discrecional del Arzobispado. En este punto se ha quedado en el año 2007. Hasta esa fecha, podía ser así, pero desde entonces, es Educación la que solicita al Arzobispado la lista del profesorado idóneo para impartir la asignatura, y es Educación la que regula el acceso a los destinos mediante un acto público, con su correspondiente baremo de méritos, vamos, como al resto de docentes. El legislador, con buen criterio, determina que dado que el Estado es aconfesional, no puede determinar qué profesorado es el que está capacitado para la enseñanza religiosa, sea católica o de otras confesiones con las que hay acuerdos. Por eso pide a las confesiones religiosas esa lista.
Respecto a su insistencia en recalcar que no se cumplen con el profesorado los principios de igualdad, mérito y capacidad, tampoco está muy fino el señor Guzmán, ya que todo el profesorado de religión con destino en los centros públicos, como he dicho antes, ha pasado por un acto público, previo baremo por parte de Educación, en donde se cumplen esos tres principio básicos.
Hay más temas que abordar, pero este espacio es el que es. No olvidemos que lo que está en juego ahora es el futuro laboral de un importante número de docentes de la escuela pública que, año a año, ha cumplido con su trabajo y que ahora peligra por una decisión ideológica, sí, ideológica, y que seguramente, si fueran de otra asignatura, no estarían en esta situación.