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Atraer, no imponer

Atraer, no imponerAEK

Dos euskaldunes -uno desde dentro y otro desde fuera de Euskalherria- despiertan hoy respeto, admiración… y también deseo. Sin buscarlo, generan atracción por su carisma y presencia. Comparten algo esencial: excelencia, humildad y una forma elegante de representar quiénes somos. Hablo de Peio Reparaz y Jacob Elordi.

No imponen su identidad; la transmiten con naturalidad. Más que empujar, atraen. Despiertan interés por nuestra tierra, por el euskera y por una cultura singular en Europa. Quien los observa siente curiosidad: quiere entender de qué se sienten tan orgullosos, incluso acercarse a su lengua, la más antigua del continente.

A mis sesenta y seis años, hijo de emigrantes ondarreses en Australia y Canadá, navarro hasta la medula por adopción, me emociona comprobarlo. Hoy, en Estados Unidos o Costa Rica, cuando digo “I am basque”, la reacción es cada vez más frecuente: reconocimiento, interés, respeto. Y cuando no saben dónde está, se abre una oportunidad para contarlo con calma, como lo hacen Elordi y Reparaz.

Gracias a quienes proyectan nuestra identidad con inteligencia y sin estridencias. Y también a tantos euskaldunes anónimos que lo hacen cada día. Quiero rendir un homenaje especial a dos personas ya fallecidas, la primera profundamente ligada a Ondarroa, al igual que Jacob Elordi y yo mismo: mi tío, el gudari, Loren Arkotxa Meabebasterretxea, y el segundo mi compañero de vida, José Ignacio Labiano Ilundain. Tuve el privilegio de verlos a ambos en acción en viajes que coincidí con ellos en el extranjero y en casa. Atraer, no imponer, era su forma de ser.

Gora Euskalherria, gora euskaldunak. Beti aurrera.