Ahora que ya ha pasado la fecha, el ruido y los parches, el entusiasmo, las proclamas y la fiesta, toca hacer balance. Balance positivo. Más que nunca. Quiero hacer referencia al contrapeso de la recuperación. Mirar de frente a quien lo ejerce, pone palos en la ruedas y sacrifica el tesoro más grande de Navarra: su idioma. El euskera.

Y apelo al partido socialista de ámbito español y castellano por antonomasia. Se les debería caer la cara de vergüenza. Es el único país del mundo que frena su propio idioma por razones inconfesables, políticas. Sí, porque el idioma es una cuestión política: la primera. Somos navarros, no castellanos.

Obligan desde el nacimiento, en la familia, en la escuela, libros, radio y televisión, el castellano. Le acompañan en la labor los que se dicen navarros por antonomasia con pulseritas españolas y demás: UPN (Unión del Pueblo Navarro) (fraude de nombre), traicionando a su pueblo por un plato de lentejas, con el cuento de la España cañí. Vergüenza ajena. La palabra, como la música, nos transporta al pasado, presente y futuro. Cambia hasta el aire.