Este escrito comienza con un miedo. Quizás también con una frustración. Porque, ¿cómo se agradece lo que no se puede agradecer con palabras, objetos o gestos? Cuando te juntas con personas que su trabajo es salvar vidas, resulta que así lo hacen: salvan vidas. Doy fe de ello. Simplemente porque estoy vivo.
Hace ahora casi 4 años que por poco no lo cuento. Es difícil volver del otro lado e intentar tener una vida normal. Se complica todo que no veas. El recuerdo de estas personas está presente y la inutilidad para agradecer, también. Por eso este escrito. Porque me han dicho que sí, que un escrito llega, incluso más que unas pastas. Lo único es que esta clase de gente me mintió. Me dijeron que mientras yo aguantase, iban a estar ahí. Pero es mentira, incluso cuando yo ya me rendí, siguieron ahí. Doy fe de ello. Simplemente porque estoy vivo.
No estoy diciendo que probéis la UCI. No lo recomiendo a nadie. Pero si os toca, sabed que estáis en buenas manos. Lo dan todo.
Sigo intentando empezar. Es un asunto complicado, la verdad. Pero que sepais, las personas que trabajáis en la UCI, que sois mi motivación. Que sepáis que lloro al escribir estas líneas, aunque luego, solo sepa llevar una caja de pastas. Simplemente porque estoy vivo.