Viajeros, el ser humano siempre se ha movido, ha viajado de aquí para allá hasta los confines del mundo, incluso. Con la esperanza de que, al llegar, vieran en los lugares de hospedaje plazas libres para pernoctar y no el temible cartel de: Todo ocupado. No por Dios, si con un simple alero de iglesia me apaño. Hemos pensado todos los que, mochila al hombro, hemos recorrido mil senderos inhóspitos y cientos de vías tan adecentadas como autopistas. Porque viaje usted y conocerá el mundo, donde en todos los sitios hacen algo similar: sobrevivir, digo. Con usos y costumbres diferentes, que esas cosas son las que dan color a los viajes.
Salí de Larraga un día, camino Mendigorría, decía la canción. Y desde mi terraza, con vistas al río, lo recuerdo. Mientras veo también pasar a unas chicas, ceñidas, de ultra trail, que me recuerdan lo importante de estar bien para viajar, para vivir.
Somos caminantes a los que un día les silban y siguen el silbido, arrastrando su maleta hasta su nido. Y así lo pienso, como el errante caminante que cada día sale de casa y nunca sabe dónde acabará. Os comento, indomables y gemelas almas del camino.