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Vientos propicios

en su libro No shortcuts to the top -sin atajos hacia la cima-, el estadounidense Ed Viesturs, el único escalador de su país que cuenta con los 14 ochomiles, narra con maestría su ascenso al Annapurna en 2005, cumbre con la que cerró una excelente carrera en el Himalaya iniciada en 1987 en el Everest -ha pisado su cima 7 veces-. Tras llegar el 9 de mayo al Campo IV -7.200 metros, como Edurne y sus compañeros-, el fuerte viento les mantuvo retenidos en la tienda dos días -10 y 11 de mayo-, hasta que finalmente el viento cedió el día 12 y se lanzaron a por la empinadísima pared sobre la cual se alzan las tres cimas, la Este, la Central y la Principal, la más alta y la situada más a la derecha: "La pared es mucho más tiesa de lo que has creído y, en muchos momentos, ni siquiera te deja ver la piramide cimera. Es descorazonador, aunque el viento no es fuerte y no hay tanto hielo como pensábamos. Sin embargo, miro hacia las bandas rocosas y creo que en media hora estaremos. Nos cuesta dos horas. Luego, tras 10 horas de subida, con Veikka abriendo huella como nunca, llegamos a la arista final y comenzamos a superar resaltes: uno, otro, otro, interminable. A las dos de la tarde, 14 horas después de salir de la tienda, nos abrazamos en lo más alto". Edurne Pasaban ya está a 7.200 metros, pero hoy afronta la parte si no más peligrosa y técnica sí que la más dura: por eso los ochomiles son excepcionales, por que a partir de 7.000 metros todo es excepcional y lo que está al alcance de la mano se vuelve inalcanzable. Con frecuencia se olvida que en periplos de más de 10 horas a esa altura todo puede pasar. Ojalá Edurne encuentre el mismo viento y un camino tan agotador como el de Viesturs, pero también unos compañeros tan en forma como Veikka y un abrazo en lo más alto.

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