Fervor mariano
Que el departamento de Salud del Gobierno de Navarra que dirige UPN se niegue a recetar marihuana entra dentro de la lógica. Esperar de la administración regionalista una decisión fuera de lo más ranciamente convencional o con un mínimo de audacia es casi tan quimérico como soñar con una lesbiana al frente de la Iglesia católica.
Los mostradores de las farmacias están llenos de somníferos que te secan la memoria, antihistamínicos que te convierten en un zombi o antidepresivos que reducen tu deseo sexual a cero.
Pero María Kutz y los suyos velan para que enfermos de cáncer, sida y otras patologías no alivien sus dolores, no sea que caigan en el vicio. Fervor mariano se llama eso. Sorprende algo más la contumacia de la Delegación del Gobierno en mandar a sus muchachos de verde a destruir cultivos de cannabis. La socialista Elma Saiz no ha debido de leerse las recientes declaraciones de su compañero de partido y ex jefe de Gobierno Felipe González, en las que proponía la legalización internacional de las drogas como única forma de acabar con el narcotráfico.
Hay toneladas de literatura al respecto, pero de vez en cuando conviene recordar la desproporción existente entre los supuestos beneficios de la lucha contra los estupefacientes y los males que ésta provoca: mafias, blanqueo de dinero, violencia asociada, represión policial, corrupción política.
En un mundo en el que la producción, venta y consumo de las drogas fuera una actividad reglada, la vida los países productores sería menos mísera y más pacífica, y la de los consumidores, más próspera y menos controlada. Sería un mundo más justo y con mayores posibilidades de combatir el dolor físico y psíquico. ¿Efectos negativos? Muchos, pero no mayores que los que causan esas maravillosas fuentes de ingresos para los estados que son el tabaco o el alcohol.
El tema tardará en cuajar. Hay muchos intereses en que las cosas no cambien. Pero el debate está ahí y se va extendiendo. A pesar de indocumentadas como Kutz o como Saiz.