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Cohete festivo

La vida social y cultural de muchas localidades del entorno de Pamplona podría hacer enrojecer al desierto capitalino. Son lugares donde se rompe ese permanente estado de excepción del espíritu al que, combinando palo y bostezo, nos han traído los consistorios de UPN. Destaca entre ellas Villava, pueblo con férrea voluntad de mantener su personalidad sin ser absorbido por la urbe, y en el que ocurren cosas que nunca podrían darse en el feudo de Barcina. En Villava, por ejemplo, su alcalde Pello Gurbindo hace lo imposible para que todas las sensibilidades de la villa estén representadas en el Ayuntamiento a nivel de símbolos, mientras en Pamplona la Policía Municipal agrede a quien, incluso fuera del recinto municipal, pretende exhibir una ikurriña en el cohete sanferminero (algo por lo que, por cierto, nadie ha pedido todavía explicaciones). Cosas como ésa, y el privilegio de ser la localidad que cierra el ciclo festivo de la Cuenca, hacen que los focos se trasladen a la villa del Ultzama en el inicio de sus fiestas patronales. El pasado sábado los villaveses consiguieron un pequeño récord al congregar en su Ayuntamiento a un elenco político que iba desde Uxue Barkos a Santiago Cervera y desde Pernando Barrena a la propia Yolanda Barcina, aunque luego ésta acabara renegando de su salida a extramuros. El gran ausente fue el PSN, que el año pasado mandó a su propio secretario general, Roberto Jiménez, de comisario de orden público. Quizás se olía el inmenso corte de mangas que le iba a propinar su concejal José Luis Úriz a cuenta del cohete festivo. Tengo para mí que su recuerdo para Gómez, Elorza y Tura ha caído peor en el PSN que la dedicatoria a Otegi y Zabaleta. La trayectoria política de Úriz ha adolecido de protagonismos y contradicciones, pero echaremos en falta su espíritu libre. Su marcha hará del PSN un partido más gris y monocorde, si cabe, y más aburrida y predecible la política foral.