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En tierra de lobos

dejé aviso por twitter de que tenía demasiados candidatos para despotricar en la columna de hoy y lo difícil de decidirse por uno en concreto. La gente, tan dada a colaborar (por eso les llaman redes sociales), me propuso otra pila más, y con buenas razones. Lo malo es que los 2.000 caracteres de la columna no dan para tanto (y ya me echan los perros porque los estiro demasiado, soy tan lenguaz). En fin: the winner is una de esas compañías que se dedican a llamarte por teléfono a la hora de comer o de cenar, o a mandarte a un comercial (con un contrato de mierda, eso es preceptivo, y a comisión) para venderte motos. Pero que llegan a más, como el caso de Movistar, aprovechándose de gente con una edad y una educación que les hace más proclives a creer en la bondad de los extraños, y en la educación de una compañía que además fue monopolio y a la que le hemos pagado toda nuestra vida por ello. El otro día una de estas buenas personas recibe un aviso de que le llega un paquete de la compañía, y se tiene que ir a por él. Ahí le meten un "regalo" que no ha pedido ni necesita: un pincho USB de esos para tener acceso ADSL en el portátil. Ella no es una persona iletrada: usuaria de Internet y con contrato ya con esa empresa por lo mismo que le regalaban, pero ahora añaden al paquete unos contratos, simplemente para que firme y... ¿pillan el asunto? Normalmente te halaga el obsequio y firmas, sin darte cuenta de que te metes en un nuevo contrato que te liga año y pico pagando algo que no necesitabas. Ojo, no es nuevo, ni es único: esto pasa una y otra vez a pesar de que las autoridades se pongan las galas de decir que nos defienden. Estas prácticas comerciales de dudosa legalidad que invaden y asaltan nuestra vida privada son cada vez más habituales. Parte del nuevo mundo que nos toca vivir. Ahora ella está preocupada porque tiene que llamar y anular todo, y hasta le daba reparo mandarles a la mierda. ¿Por qué nos educaron para ser corderos en tierra de lobos?