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Olentzero, dicen que con regalo

el pasado viernes fui objeto de una celada involuntaria en un sitio que no esperaba. Una charla literaria en un colegio de San Juan de Luz se convirtió en un guirigay, como nunca me había pasado en un centro de Iparralde, de politesse generalmente francesa, aunque estudien en euskera. El hecho tenía doble explicación: un 40% de mis oyentes eran de este lado de la muga -lo que explica su volumen y tono de voz, reconociblemente ibéricos- y se trataba de la última clase antes del comienzo de las vacaciones de Navidad, que en el republicano estado galo tienen un comienzo más temprano y acaban antes de Reyes -lo que explica el nerviosismo y las ganas de salir corriendo de todos los alumnos sin excepción, ya hubieran nacido bajo administración francesa o española-. Es un hecho: los centros escolares son estos días un hervidero, donde los docentes se desgañitan por enseñar algo a unos chavales para los que ya sólo las palabras "Navidades" o "vacaciones" tienen algún significado. Pero eso es no es más que un reflejo del bombardeo televisivo y del bullicio que se ha adueñado de calles y centros comerciales, llenos de gente a un paso del histerismo en sus prisas por cumplir con sus compromisos navideños. La misma excitación que la perspectiva de vacaciones y regalos produce en los niños se percibe este año en políticos, periodistas y militantes de algunos partidos. Los mentideros bullen con la inminencia de una buena nueva que no es ni solsticio ni nacimiento divino. Que ahora es la de verdad. Que, este año sí, Olentzero viene con regalo. Que lo dijo Jexux, y lo corrobora Rufi. Y en ésa estamos, a la espera del gran escrito, encomendándonos a Santo Tomás para que los de la capucha tengan tinta en la impresora. Un poquito esperanzados, por todas esas gentes a las que les puede ir mejor, y un muchito escépticos, que ya tenemos el culo pelado y sabemos que Olen- tzero son los padres.