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Forzada

Yo he visto a Joaquín, aquel medio del Sporting que tenía telarañas en las ingles, ganarle en velocidad a Sabido y hacernos un gol. He visto al Eskroto haciendo el pino contra la barra del Imanol mientras cantaba La vida sigue igual. Vi a los geyes de España la primera vez que vinieron a Navarra y un señor mayor, aprovechando el tumulto que se formó en el paseo Sarasate, me tocó el culo, un culo pequeño porque yo nunca he tenido culo si no final de espalda. También vi a Terry Williams, el batería de Dire Straits, de mambo en la cuesta del Labrit, quitándose de encima a plastas como yo que nos arrodillábamos a su paso. Quiero decir, como todos, tengo un pasado y he visto lo mío. No he visto nada como el vídeo navideño que ayer vi en el que unos tiernos infantes -que dentro de 20 años lamentarán en la barra de algún bar que sus padres los cedieran como ganado a un partido político- cantan una especie de villancico cantando las excelencias de Navarra y que finaliza con la aparición de Yolandamari -moviendo los brazos como sólo ella los mueve, como un Click de Famobil- felicitando las fiestas a coro con las criaturas, que ya digo que más de uno cuando se vea dentro de dos décadas renegará de sus progenitores, no porque el vídeo sea de UPN, si no porque el texto que les han hecho cantar es inenarrable, la cosa más jula, aldeana y moñas que he oído en años. Es curioso el tremendo hincapié que está haciendo Yolandamari con el tema del navarrismo, mucho más incluso -que ya es decir- que su predecesor en el cargo. Eso es de primero de antropología: el que no es algo fuerza las apariencias hasta tales límites que finalmente esa postura forzada termina sacando a relucir la verdad. No pasa nada por no ser navarro. Miles de millones de personas sobreviven sin serlo. Tan felices.

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