Un antiguo trauma, o algo así
Barcina debió de pasar una desgraciada niñez, allá, en el Portugalete de su infancia, donde los niños de las casas de alrededor recibían los regalos de Navidad la noche del 24, mientras que en la de la pequeña Yolanda parece que tenían que esperar a que los tardanos Magos hicieran su aparición casi dos semanas después, la noche del 5 de enero. Y de aquellos polvos, estos lodos. Es conocida la obsesión de UPN con cualquier cosa que suene a euskaldun en las calles de Pamplona, y está a la vista que el carbonero gordinflón les resulta especialmente molesto.
Pero lo de Barcina raya lo personal. Un antiguo trauma o algo sí. Porque si no, ¿de dónde viene ese odio cerval a un personaje que sólo trae ilusión y felicidad a miles de niños de la ciudad de la que es alcaldesa? Este año se ha vuelto a repetir el ya casi tradicional acoso a los olentzeros de los barrios en forma de prohibiciones y despliegues de la Policía Municipal. Y una vez más, los olentzeros de los barrios han salido a la calle a pesar de las prohibiciones y los despliegues de la Policía Municipal.
Quizás se vuelvan a repetir las multas de otros años. Esas mismas que luego han invalidado los tribunales. Pero qué importa gastar el dinero del municipio si consigo criminalizar a mis opositores. Porque lo que está claro es que UPN en general y Barcina en particular van a utilizar hasta el final la ventaja que les da la existencia de ETA en su política de acoso y derribo al euskara y la cultura vasca, sin que nada de ello les cueste un solo voto. Muy fácil se lo han puesto durante años los de los carteles con las fotos y demás parafernalia carcelaria.
Quizás todo eso se esté acabando ya, pero no va a ser tan sencillo borrar su poso. Es probable que Barcina necesite de unas buenas sesiones de psicoanálisis. Para la necedad de otros no sé si hay en este país psicólogos y psiquiatras suficientes.