Muertos, heridos y prisioneros
de nuestra contienda electoral sale únicamente un ganador, UPN. El resto, lo pinten como lo pinten, sólo son bajas, esto es, muertos, heridos y prisioneros que adornan el paisaje después de la batalla. El prisionero por excelencia va a ser el PSN. Él mismo decidirá esta semana su grado de cautiverio en manos del vencedor. Más nutrida es la lista de heridos. El PP, que esperaba mucho más. Nafarroa Bai, que va a tener que clarificar su futuro. Bildu, que puede presumir de resultados pero que no ha superado a su principal competidor y, encima, ve que su presencia parlamentaria no es que no traiga el cambio, sino que refuerza el actual statu quo. Ezkerra también sale herida del combate, aunque contenta, porque la última vez le fue peor. Los muertos los ponen todos los que ni tan siquiera contarán con representación parlamentaria. No he leído en toda la semana una sola línea sobre las intenciones del CDN después del varapalo electoral. Esta desatención mediática es la mejor muestra de la magnitud del hundimiento convergente. El cierre de persianas es casi una certeza en este partido que llegó a tocar el cielo en 1995 con 10 parlamentarios para deshacerse en la nada 16 años después. El día que eso finalmente ocurra habrá quien recuerde de la formación centrista su deriva de las últimas legislaturas, convertida en poco más que un satélite de UPN. Otros echaremos en falta la actitud dialogante de sus líderes y su voluntad de no excluir a priori a ningún sector de la población de esta comunidad. Tengo para mí que, a largo plazo, el navarrismo con rostro humano de Alli y los suyos constituía mejor receta para la estabilidad en esta comunidad que el navarrismo con mandíbula de doberman de la vieja y la nueva guardia de UPN. Nos quedará la nostalgia de lo que pudo ser y no fue. Tal vez, como con lo de pensamiento y navarro, era simplemente imposible.