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Desgobierno

una de las cosas que más me admira de Yolanda Barcina es su fulgurante carrera política a base de no decir nunca nada que no haya dicho y repetido antes alguna otra persona. La aspirante mejor situada para presidir el Gobierno de Navarra lleva 16 años en la vida pública sin haber pronunciado una sola frase original y sin haber empleado jamás un concepto que no sea un lugar común en su espectro político. Quizás ser conservador sea precisamente eso: tirar de modelo e innovar sólo en la modulación. Cuando la todavía alcaldesa recita con puntos y comas los salmos del libro de oraciones regionalista su contribución personal se limita a elevar dos puntos los decibelios como fórmula mágica para conjurar cualquier acusación de advenediza. Ese permanente estado de sobreactuación es aburridísimo visto desde fuera, pero hace maravillas dentro del invento. Al personal derechoso y fachica de esta tierra se le hacen los bajos gaseosa cuando oye a su Yolanda repetir punto por punto los mismos tópicos que todos sus padres ideológicos precedentes, desde el Pleistoceno hasta nuestros días. Uno de ellos, común a la derecha de todos los tiempos y latitudes, es calificar de "desgobierno" cualquier situación en la que ella no mande, como hizo ayer Barcina refiriéndose a la posibilidad de un ejecutivo alternativo al de UPN de director de orquesta con el PSN de maca. La prevención del "desgobierno" ha servido históricamente a los sectores más cavernarios de este país para justificar conspiraciones, golpes de estado y guerras civiles. Mola y la Junta de Guerra Carlista hablaban de "desgobierno" aquel julio del 36 del pasado siglo. También la propaganda franquista anunciaba un apocalíptico panorama tras la muerte del dictador presidido precisamente por el "desgobierno". ¿Desgobierno en Navarra? Parece el título de una canción de los Pistols. De momento esa breva no va a caer, pero estaré encantado el día que me desgobiernen.