Dejando a un lado lo más sangrientamente evidente, una de las peores consecuencias de la existencia de ETA ha sido ver cómo los dirigentes de UPN, un día sí y otro también, introducían a la organización armada en su discurso para convertirlo en el perfecto comodín con el que justificar cualquier tipo de actitud excluyente o sectaria hacia una buena parte de la sociedad navarra. En 2005, en el transcurso de su 7º congreso, este partido llegó a aprobar una ponencia en la se decía textualmente que "no debería hablarse de normalización lingüística mientras no se alcance plenamente la normalidad democrática". Pues bien, parece que el anuncio de la semana pasada allana bastante el camino hacia "la normalidad democrática" y si esta no ha acabado de llegar es de suponer que algo tendrán que hacer el primer partido de Navarra y el Gobierno del que es socio principal. Todo apunta, sin embargo, a que no es ésa la intención de UPN. En Euskadi, el socialista Patxi López, aunque tarde, se dispone a liderar un proceso de normalización política que ayude a suturar las muchas heridas provocadas por estos años de violencia. Espero que el PSN haya tomado nota de ello. Porque aquí, los mismos que llevan décadas taladrándonos la cabeza con el rollo de ETA no parecen dispuestos a nada que no sea seguir pasándonos la apisonadora por encima. Se les nota la incomodidad que les produce la nueva situación. Antes mueren que salir del confortable castillo donde se encuentran. De momento, la normalmente obicua Barcina parece desaparecida en combate. Sus escasas declaraciones al respecto son -como casi siempre- puro cliché sin reciclar que la sitúan mucho más cerca de Mayor Oreja, el gran patrón de las empresas de seguridad privada, que del mismo Rajoy. Todo una líder, la presidenta del Gobierno de Navarra. Sería de agradecer que esta señora, tan preocupada por su sueldo, empezara a ganárselo realmente.