"Queremos darle la vuelta". El lema de la campaña propagandística tendría que ser más preciso e incluir la palabra crisis en su enunciado. Para disimular sus intenciones reales. Es evidente que el PP (del dicho al hecho nunca hubo tanto trecho), cómplices ideológicos como UPN, y los empresarios quieren darle la vuelta al sistema de bienestar. Una reforma laboral arrasadora de derechos e inhumana. Una reforma educativa economicista, insensible al deterioro de la ya precaria calidad. Una reforma sanitaria orientada al ahorro, a la recaudación y a la gestión privada del sistema público, camino de una sanidad ni universal ni gratuita. Una reforma financiera servil con las necesidades económicas de las entidades, condescendiente con gestiones disparatadas, tolerante con mentiras gravísimas, obstaculizadora ante la demanda de explicaciones, inactiva en la investigación, publicación y exigencia de responsabilidades políticas y profesionales y en la persecución legal de presuntos delitos. Los mismos que -implacables- quieren darle la vuelta al sistema de derechos ciudadanos alientan -descarado cinismo- que toda la sociedad se implique en diseñar o apoyar salidas a la crisis. El Gobierno de Navarra se reunió con empresarios y emprendedores con el objetivo de "sumar esfuerzos, recursos e iniciativas" encaminados a darle la vuelta a la situación social de "pesimismo, tristeza y parálisis". Toda la sociedad puede adherirse. Organizada en colectivos y asociaciones, e incluso a título personal. Que las víctimas del despilfarro institucional y de las cloacas financieras ayuden a la redención de sus verdugos. Después de dilapidar muchos millones de euros en infraestructuras faraónicas prescindibles, después de hundir el buque insignia de la economía foral y de eludir responsabilidades tras cobrar sustanciosas dietas opacas, después de engañar sobre la situación real de nuestras cuentas públicas, después de llevar el desempleo a cifras históricas, después de que uno de cada cinco navarros esté en el umbral de la pobreza, después del contagioso mal ejemplo de la codicia, después de aceptar la invasión de competencias forales, la presidenta Barcina se rodea de miembros de su Gobierno y de empresarios para sonreír al futuro. Desde que goza de cobertura odontológica pública (otro privilegio a extinguir) disfruta de mejor sonrisa. Las adhesiones a este remedo de "Yes, we can" recuerdan las obtenidas por Gabriel Urralburu para su Acuerdo por la Paz (1988). Discretas gestiones inducían a sumar firmas de apoyo entre empresas y agentes sociales agraciados con sumas de dinero inyectado desde la Administración. ¿Quién contraría a quien adjudica obras, confía proyectos o subvenciona actividades? A esa estrategia, difícil darle la vuelta.