Y me voy a quedar un rato mirando a la gente que pasa. La gente nunca deja de pasar. Cada cual con su enormidad a cuestas. Cada cual con su cresta, clásica o moderna. Hay tipos raros. Hay sujetos realmente curiosos, si te paras a mirar. Pero hay que pararse. Y eso es lo difícil. Por lo demás, la vida es sencilla. No hace falta complicarse mucho ni aspirar a grandes honores para llevar a cabo una existencia decente. Y a ratos hasta divertida. Un amable empleado público me pregunta si conozco a los nuevos consejeros del gobierno. ¿Qué consejeros? ¿Consejeros de qué? Uno de ellos ha dicho que van a administrar la solidaridad de los navarros con honradez, dice en tono burlón una guapa cuarentona que pasa en bici enseñando alegremente los muslos como si todos fuéramos buenos y felices. Yo oigo la palabra honradez en boca de un político y me entra el sudor frío, añade el camarero. En fin. El otro día, estábamos tomando un vino dulce después de cenar y como era de noche y el vino estaba bueno, uno del grupo ladeó un poco la cabeza y exclamó: ¿Y cómo vamos a salir de todo esto? En realidad, no se refería a si acabaremos de remontar la jodida crisis, sino al espíritu de la gente corriente. O sea, a nosotros mismos. Se preguntaba si no estarán en efecto logrando hacernos más individualistas, más cautelosos, más ariscos. Decía que se está intentando imponer desde arriba una percepción economicista de la vida. Y extender la deplorable moral del sálvese quien pueda. Nos inyectan una dosis de pánico diario para intentar moldearnos, dijo. Espero que lo no consigan, contesté. Prefiero creer que en los malos tiempos se activa una moral de resistencia más inclinada a viejos valores de solidaridad elemental. Yo qué sé. Ha empezado el verano. Y es mejor detenerse. Por mi parte, tiendo a relajar las expectativas en verano. Me gusta mirar a la gente que pasa. La gente nunca deja de pasar. Y hay que mirarla. Ver no es fácil. De hecho, hay que estar un poco aburrido y ser un poco despistado para captar el verdadero fondo de las cosas. Los demasiado atareados se lo pierden, siempre lo he creído. Buen verano.