El TAV, Toro de Alta Velocidad, arrolla en los encierros sanfermineros. De alta velocidad y de bajas prestaciones para la naturaleza popular de la carrera matinal y en la feria taurina. La esencia del encierro consiste en llevar a los toros desde los corrales del antiguo Portal de Rochapea hasta los corrales de la Plaza, escenario vespertino de su lidia y muerte. Como guía, los cabestros; como apoyo profesional, pastores y dobladores. Como elemento distintivo, el arte taurino popular navarro, diferente de su equivalente en otras regiones. Una inclinación humana nacida de un irresistible deseo espontáneo o inducido, educada en el ejemplo y la observación, entrenada con atrevimiento, forjada en la experiencia y vivida con sensaciones heterogéneas. Una inclinación, una pasión; a veces, una obsesión, una enfermedad. Correr en el encierro es un arte. Requiere de buena colocación, sabiduría en los comportamientos, sentido de la distancia y del ritmo, templanza de ánimo, y reflejos ante la reacción animal y las circunstancias del entorno. También, de mente despejada y de aceptable condición física. Cosa de personas comunes adiestradas. Sin embargo, el encierro actual exige la musculatura, potencia y agilidad de un atleta de élite. El toro arrolla, el corredor pugna, aguanta y compite. La tónica dominante en la Cuesta de Santo Domingo -donde una prolongada pendiente urbana ascendente, la configuración morfológica de los toros y la frescura de la salida se confabulan para la estampida- se ha extendido en buena medida a la totalidad del recorrido. La curva de Mercaderes ha dejado de ser una incertidumbre y la Estafeta se ha convertido en una pista adoquinada de velocidad. Según la teoría clásica, Santo Domingo es sitio para medirse con el vértigo de la velocidad y saber retirarse a tiempo; Mercaderes-Estafeta (primera mitad), terreno de definición en la composición de los astados determinada por la incidencia de la curva; Estafeta (segunda mitad), calle para entrar y templar al toro; la bajada al callejón, zona donde incitarlo y estimularlo a entrar al redondel. La alta y casi continua velocidad de los morlacos ha desdibujado la peculiaridad de los tramos. Los toros galopan, los corredores esprintan y salvan obstáculos. Los bueyes ni abren camino ni conducen. Vienen a ser como un primer grupo de mansos de cola. Otro elemento homologado en la práctica del encierro es el comportamiento de los toros. Los matices de la idiosincrasia de cada ganadería, casi desaparecidos. La distinción entre divisas, desvanecida: los Miura dejan de ser gregarios y trotones, los Cebada Gago olvidan su picante en la dehesa. Toros entrenados, encastes homogéneos, pastores azuzadores, antideslizante adulterador. El encierro, un toródromo.