Barcina nos ha dado una inesperada lección de humildad: Osasuna es "el mejor embajador de Navarra". No ella. Un exceso verbal populista para contrarrestar el defecto grave de la descoordinación y de la contradicción política: el anuncio de la retirada de la subvención al Club Atlético Osasuna (1,4 millones de euros anuales compensados con la campaña Reyno de Navarra), rectificado en cuestión de horas. Este fin de semana de agosto comienza la liga de las estrellas, disputada por equipos de fútbol pertenecientes a sociedades anónimas y clubes deportivos estrellados: económicamente insolventes, endeudados con entidades financieras, deudores de la Hacienda pública y de la Seguridad Social. Entidades inviables dependientes de los derechos televisivos, de las ayudas públicas y de abonados incondicionales. Con los actuales disparates presupuestarios, es evidente que Navarra no puede permitirse equipos competitivos en la élite de diversas disciplinas como fútbol, balonmano o fútbol sala. Hasta Reynolds dio el relevo a Banesto ante la figura emergente de Miguel Induráin, una singularidad deportiva que requería de un cuadro ciclista sólido y caro. La realidad se impone cuando descienden los ingresos por publicidad, televisión, subvenciones y taquilla. Los espejismos acaban por revelar su carácter de ilusión. Invertir dinero público en deporte profesional mientras se detrae dinero de capítulos esenciales -salud, educación, dependencia, servicios sociales, cultura, deporte base- es un insulto a la racionalidad. Unos servicios públicos de salud, educación, sociales, culturales de primera son mucho más importantes que un equipo de fútbol navarro en Primera. Incluso aunque su armazón fuera navarro -canterano- en lugar de un conglomerado fichado en el mercado de los descartes asequibles. Por su condición económica, Osasuna está condenado a ser un conjunto de promesas -a vender si se consagran-, de medianías con ilusión y de veteranos con facultades. Como club profesional, el apoyo público ha de estar subordinado a la sensatez en las prioridades. Como entidad con obligaciones con Hacienda, exenta de tratamientos especiales. Que se note que Hacienda somos todos y en igualdad de condiciones. Nunca he entendido que los que pagan (público) tengan que animar a los que cobran (jugadores), pero los impuestos de los que sale el aliento económico de una subvención proceden incluso de ciudadanos damnificados por recortes "inevitables". La alcaldesa Barcina utilizó a Osasuna para birlar un chupinazo a la izquierda abertzale. La presidenta Barcina utiliza a Osasuna, en un regate facilón a la contradicción perpetrada, para ensalzarlo como mejor embajador de Navarra. Quizá porque nuestro torpe Gobierno conduce la política con los pies.