Segregar: separar, apartar, marginar por algún motivo. La educación diferenciada por sexos es una segregación que aduce mejores resultados académicos. Una supuesta más provechosa instrucción en conocimientos como excusa para una concepción sexista de la organización social. La católica Navarra contaba durante el franquismo con una extensa nómina de colegios religiosos -privados-, destino natural de los hijos de la burguesía y meta deseada para los suyos de una sacrificada clase media-baja. La escuela pública quedaba para sus irreductibles partidarios ideológicos y para las unidades familiares más humildes. El cambio de régimen político -hegemonía conservadora y un socialismo y un comunismo conversos al libre mercado- implantó el eufemismo de "enseñanza concertada". Frailes y monjas se apuntaron. El dinero público entró en los colegios de iniciativa privada, en su mayoría confesionales. El carácter mixto de los centros fue uno de los cambios de obligado cumplimiento. Sin embargo, colegios fundados y empecinados en la educación diferenciada accedieron también a fondos públicos, una decisión social y políticamente discutida que ha llegado a las más altas magistraturas judiciales. Recientes sentencias del Tribunal Supremo han reavivado la polémica, aún más procedente y adusta cuando se recorta la dotación pública en profesorado, medios e instalaciones. Aquí esos centros están vinculados al Opus Dei. El diputado Salvador y el consejero Iribas (ambos de UPN) se han sentido especialmente concernidos a la defensa de ese modelo escolar. Tampoco se lo pueden reprochar políticos forales defensores de la escuela pública, pero padres de alumnos en la concertada. La segregación por sexos es consustancial a la Iglesia católica y sus obras afines. Planteamiento privado, financiación pública. El asunto es complejo desde la pedagogía, la libertad de elección de centro, la igualdad de oportunidades, las prioridades en el gasto público y el interés social. La educación diferenciada puede que obtenga mejores resultados académicos. La nota, valor primordial. La coeducación debe aspirar a los mejores resultados en conocimientos y destrezas y, además, en educación para la convivencia. Recuerdo las misas católicas de mi infancia: bancos para mujeres (con mantilla o pañuelo en la cabeza) y bancos para hombres; colegios religiosos: de frailes para chicos, de monjas para chicas; Oberena, la escuela de deportes de la Iglesia: en su sede social (frontón Labrit), reparto del espacio por sexos y baile al suelto, y en sus piscinas, tapia de separación. Vidas segregadas por la condición sexual implícita. Crecer sin conocerse. Coexistir sin convivir. La segregación ve mujeres y hombres. La coeducación, seres humanos con afinidades y diferencias.
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