El vuelo de Evo
imagino que allí, con cohete sanferminero de por medio o sin él, con ikurriñas o sin ellas, el vuelo del presidente Evo Morales habrá empezado a ser agua pasada, pero aquí desde donde escribo, no, ni mucho menos. El agravio, estratégica y perfectamente planificado, contra el presidente de Bolivia es algo vigente y lo va a seguir siendo en los próximos meses. Esta historia no ha acabado ni para el MAS, el movimiento que sostiene a Morales, ni para la oposición.
Atropello, acto de hostigamiento y de desprecio, atentado criminal, vergüenza, trato intolerable, prepotencia y alarde de doble moral, imperio de la fuerza contra el de la legalidad... A gustos.
El otro día le escuche a Evo Morales contar lo que sucedió en Viena cuando el embajador español se acercó al avión presidencial boliviano en compañía de dos funcionarios y pidió registrar el avión. Petición que le fue denegada. Más tarde solicitó subir a bordo para "ver el avión", como quien ve el chalet y tomarse de paso un cafecito, algo que le fue denegado porque su intención marujona de husmear estaba clara, y finalmente el embajador español le dijo a Morales que tenía al habla al ministro de asuntos exteriores, a lo que el presidente boliviano respondió que si alguien quería hablar con él, que fuera el presidente de gobierno, Rajoy. No hubo caso.
Patética y grotesca esa actuación del embajador español a pie de avión en Viena, propia de un cretino con ínfulas. Lo negarán, seguro, pero entre la palabra de un representante del gobierno español pepero y la de la otra parte en conflicto, me creo esta, siempre, más en el caso del actual gobierno, del rajoyato, que ha hecho de la patraña su mayor y mejor instrumento político. En estos momentos, de un representante del gobierno de España no puedes creerte ni la hora. Son mentirosos compulsivos y su forma de gobernar consiste sobre todo en burlarse de la ciudadanía y en atropellarla. Llevan más de año y medio en ese empeño.
"Creíamos que Schowden iba en el avión"... ¿Y? ¿Por qué se niega a confesar el ministro que obedecía a órdenes norteamericanas y se remite al "secreto del sumario"? ¿Secreto... de qué sumario? Margallo cree que trata con un país de incapaces mentales.
Yo no me eché las manos a la cabeza cuando Maduro le llamó a Rajoy "indigno y abusador". Y no lo hice porque eso, y mucho más, es lo que venimos pensando de ese mentiroso compulsivo la parte de la ciudadanía española que no le ha votado y que quiere que se vaya.
Patético el juego de declaraciones oficiales mendaces, astutas, diplomáticas, de mucho jugar con las palabras para no decir nada o para mentir, que encubren la pifia y el lacayeo, pero dejan el asunto donde estaba: unos países pueden hacer con otros lo que les venga en gana, digan luego lo que quieran. Eso que se ha hecho no se hace con el avión presidencial de un país que lleva a su presidente a bordo. Y eso no depende de si el presidente en cuestión nos gusta o no.
Me pregunto qué habría pasado si en Bolivia detienen el coche del embajador español y se lo registran, o el del francés o el del italiano, o que habría pasado si hubiesen obligado a aterrizar a un avión presidencial para registrarlo e interpelar a sus ocupantes como si fueran delincuentes o sospechosos de serlo.
Me pregunto que pasaría si hicieran lo mismo con los habituales vuelos clandestinos de la CIA que pasan por España.
Me pregunto también si llegaremos a saber alguna vez lo de verdad sucedido antes de que el avión de Morales aterrizara en Viena, mientras estuvo retenido y antes de que despegara horas más tarde -¿cuántas? ¿trece?- después de recibir un trato de delincuente.
Y me pregunto todo esto porque lo que si estoy viviendo es la indignación de los bolivianos que, en tu calidad de español, te hacen participe de su indignación, de la manera más cortés o más hostil, eso es lo de menos. No es grato. Tú no representas a ese país, ni a su repulsivo gobierno, no vives de la gorra rojigualda y de su pesebre? pero. Y en esa situación, mostrar tu propia indignación cuenta poco porque suena a querer escabullirte de una situación bochornosa y solo eso, por mucho que pienses que el que domina tu país es un gobierno autoritario y, encima, lacayuno de los intereses norteamericanos porque ha permitido una y otra vez desprecios a su propia soberanía. El titular del editorial de El País del otro día, "Trato intolerable", parecía decir mucho, pero aparte de ser certero, no acababa de redondear una condena radical del trato recibido por Morales y del motivo por el que el gobierno de Rajoy se inmiscuyó e intervino en una operación de inteligencia de servicios extranjeros, algo que tiene responsables políticos. No es de extrañar esa actitud de prepotencia y sumisión porque, además de un país al borde de la bancarrota, gobernado por una casta de corruptos hasta las cachas, España en manos de esta gente es un enano político y diplomático. En ese cuadro, las negaciones del ministro de Exteriores son propias de un trilero.
Ahora veremos cuáles van a ser las consecuencias del incidente. Morales ha amenazado con cerrar la embajada de Estados Unidos (algo que puede hacer cuando le convenga) y Maduro ha ofrecido asilo a Snowden, convertido en el héroe del día por revelar un sistema masivo de espionaje consentido con complicidad o fatalismo por todos los gobiernos afectados, cuyos rasgados de vestiduras son de mala comedia.
Nos guste o deje de gustar como político y como persona (por la abundancia de ataques personales que recibe), el agravio sufrido por Morales y por el país que representa su gobierno, ha sido innecesario y arbitrario, pero a cambio, además de revelar una actitud de desprecio prepotente, ha significado una buena carga de bencina a la hoguera de un discurso político que se sostiene más con enemistades internacionales que con complicidades, con acuses de recibo de desprecios centenarios (el eurocentrismo ilustrado) que con francas solidaridades. La diplomacia lacayuna europea ha conseguido convertir un abuso inaceptable en un acto rotundo de afirmación nacional que refuerza las posiciones políticas de Morales y de su proceso de cambio. Eso no se lo esperaban.