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Psicopatocracia

Un alto cargo político que huye de la Policía cuando le da el alto, un expresidente autonómico del PP que solicita su indulto por corrupción, un presidente del gobierno que protege a otro corrupto, una presidenta foral reprobada que no dimite pese a gobernar en minoría, cientos de corruptos que todavía ejercen de políticos a sueldo, un cardenal que nos chantajea con una Guerra Civil. Todo esto y más hace de la realidad una ciénaga apestosa por la que transitamos sin protección. El trato que recibimos de los políticos, su comportamiento ético, sus bocanadas de mal olor sobre nuestras vidas, sus insultos a la democracia comatosa; todo ya ha superado el límite de lo soportable. Ya no hay lógica que lo regule ni explicación política que lo avale. Va más allá. Y es que en la liga de las estrellas políticas más corrupta del planeta, en este reino de España en bancarrota ética y moral, ciertos políticos han superado su propio límite. Y es que su cinismo es solo el síntoma de una patología mental.

Los políticos nombrados más arriban duermen a pierna suelta. Al menos, de eso alardean. Desconocen el escrúpulo. Se resguardan en una ética low cost. Sus pifias no van con ellos. El rechazo de la ciudadanía se la trae floja. Su alienación y arrogancia es tan brutal que aun cometiendo error tras error, nos venden su ineptitud como soportable y necesaria. Y así se comportan, con una honestidad sanguinaria. Han hecho de la política un abrevadero disponible hasta la eternidad y sus decisiones, sospecho, son producto del desequilibrio, la soberbia y la confusión extrema. Así gobiernan. A esto hemos llegado. Dicen que España va bien pero de noche los sepultureros trabajan a destajo.