Frontenis sin raqueta
El problema no es la pelota ni el televisor ni la invasión de competencias. El contencioso que enciende y apaga el Gobierno de Navarra a cuenta de EiTB tiene poco que ver con el interés público, los medios de comunicación y la ley. Es todo por un maldito gentilicio, y nada sucedería si la cadena proscrita fuese riojana y el deporte mentado fuera aragonés. A causa del pedigrí a veces se mata, a veces se asusta y a veces se hace el ridículo.
Se preguntaba Slavenka Drakulic, en el Tribunal de la Haya, cómo llamarían en la República Srpska a ese brebaje fortísimo conocido en los Balcanes como café turco. ¿Cuál sería el término correcto para los seguidores de Karadzic y Mladic, quizás café serbio? En la España guerracivilista hubo quien le borró el origen a la ensaladilla y trató de apellidarla nacional, no fuera a expandirse el bolcheviquismo con la patata cocida. Y en el Bilbao de hoy un bar publicita de manera administrati-va sus éxitos culinarios: Primer Puesto en el Campeonato de Tortilla Estatal. ¿Me pone un pintxo de tortilla estatal? Que voy a ver a la antigua selección de Clemente.
No, nada ocurriría con la tele y el frontón si algunos se curaran su xenofobia, que en el caso de la vasquidad -y, ay, también de la españolidad- incluye el odio hacia parte de lo propio. Si la pelota fuera un rasgo de la cultura neozelandesa y los partidos los emitiera un canal chipriota el conflicto se resolvería con dos operarios y una escalera. La realidad es tozuda, así que sólo falta cambiar el modo de denominarla. Ya imagino el boletín oficial, sección Lo nuestro: frontenis prepirenaico sin raqueta. Y a jugar, que son dos días.