después de 41 años de Sanfermines en la radio (unos 320 encierros narrados), participé en la retransmisión de Cuatro. Uno de los últimos días, previo un condicional “si siguiera en la radio no te lo diría porque nos beneficiamos de ello”, pregunté a Víctor Santamaría, excelente e innovador realizador de fútbol y toros: “¿Por qué seguís a la cabeza de manada y, solo cuando ha entrado en corrales, ofrecéis imágenes de toros rezagados?”. Me miró con cierto asombro al responder: “Porque así lo hace siempre TVE, con años de experiencia, y hemos deducido que es la forma ortodoxa de hacerlo”. Expuse mi razonamiento de que el encierro puede contener varias noticias simultáneas en distintos puntos del recorrido (la radio las cubre de forma ágil e instantánea) y que todas pueden ser ofrecidas en directo al espectador, con criterio periodístico al decidir su tamaño o relevancia en pantalla. De inmediato llamó a uno de sus técnicos, apodado Windows, para abrir ventanas que permitieran hacerlo. El último encierro de este año reveló el empecinamiento de TVE, que demoró la difusión del solitario y feroz paso del miura Olivito desde la curva Mercaderes-Estafeta, a partir de una cogida con persecución y saña. Incomprensible postergación de las principales imágenes de esa mañana. Un borrón extraordinario en demérito del amplio despliegue organizado. El tratamiento del encierro no se corresponde con el de una prueba deportiva. Los corrales de la Plaza de Toros son el destino, no una meta clasificatoria. El encierro se corre, pero no es una carrera de velocidad sino un traslado de toros con mozos que tratan de acompañarlos e, incluso, conducirlos. El espectador se frustra cuando el plano deja toros atrás, de los que tardará en saberse. Todos los toros son importantes. La prioridad informativa depende de su comportamiento e incidencias. Lo esencial no puede quedar subordinado a la rutina narrativa. Olivito fue el último. En emoción, el primero.