agosto en EEUU. En Virginia, cerca de Washington. De abuelo. Por costumbre ciudadana y por hábito profesional, consulto con frecuencia prensa española. La de Navarra, a diario. Sorpresa: en la edición digital del decano de la prensa foral aparecen banners o pancartas con enlaces llamativos. Uno, ilustrado con la fotografía de una joven rubia de escote generoso (en diseño y contenido), mano derecha apoyada en la barbilla, nos permite conocer mujeres rusas senior que buscan hombres (“Russian. Senior. Dating for men. russiadatingonline.com). Otro, con ilustración fotográfica múltiple, invita a ojear los perfiles de diez mil mujeres asiáticas. En el momento de mi visionado, el banner de las rusas aparecía en la columna derecha, entre el descenso del Murcia a Segunda B y la ofrenda de Osasuna a San Francisco Javier (¡manda huevos!), y el de las asiáticas encabezaba la web por encima de la identidad del periódico. Las inserciones no son permanentes y varían de posición. Hay otras publicidades estadounidenses, como una sobre recetas y una del Servicio Postal de Estados Unidos. También aparecen inserciones publicitarias navarras, ya de la entidad financiera que absorbió la dilapidada Can o del Ayuntamiento de Pamplona. La política publicitaria o comercial es la ordinaria, con banners locales de la zona donde se detecta la presencia del lector y su ordenador. Lo llamativo estriba en que la empresa editora de ese periódico se jacta de no insertar publicidad de contactos y clubes de alterne. Ignoro si sus responsables conocen qué publicidad ocupa los emplazamientos habilitados al respecto y qué tipo de relación contractual y económica tienen establecida, pero el hecho da lugar a una cierta chanza. Tampoco sé si el expresidente Sanz se topó con esos banners al buscar en la edición digital su foto con los avispados Urdangarín y Cristina tras la inauguración de la flamante oficina de Banca Cívica cerca de la Casa Blanca. Ni si los pinchó.
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