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Calzoncillos limpios

Si no es un plan para sembrar el miedo e impulsar el voto negativo, se le parece. Aparece la primera encuesta que pronostica el triunfo del SÍ en el referéndum por la independencia escocesa y, automáticamente, la libra esterlina se desploma y salen hasta debajo de las piedras analistas vaticinando un holocausto económico para el caso de que los nacionalistas ganen la partida el 18 de este mes. Pocos días antes, el primer ministro británico, el conservador Cameron, con lágrimas en los ojos, rogará a los escoceses que no rompan una unión de más de tres siglos, y de paso, además de apelar al corazón lo hará a la cartera: un plan para dotar de más autonomía a sus levantiscos norteños, que incluye recursos económicos para salvaguardar ese estado de bienestar que él mismo está triturando al sur de lo que todavía es el Reino Unido. En la campaña escocesa se ha hablado mucho de economía y servicios sociales, y poco de historia. Parece ser que la clave para aunar voluntades para el SÍ ha sido la percepción de muchos votantes, al principio reticentes a la independencia, de que les traía más a cuenta convertirse en ciudadanos de un país nuevo dispuesto a garantizar el bienestar de sus habitantes, que en seguir siendo machacados como súbditos británicos. En Catalunya la economía también es protagonista, pero con un matiz diferente. La insoportable imagen de un clan familiar enriqueciéndose bestialmente a cuenta del erario público mientras se quejaba del expolio español empaña, no sé si irremisiblemente, el proceso catalán. A una aventura de estas proporciones hay que ir con los calzoncillos limpios y, no sólo a los Pujol, a CiU le huelen fatal. Rajoy decía ayer que el Gobierno tiene listas todas las medidas contra “el desafío soberanista”. Quizás no le hagan ni falta.