Vuelven las nieves. Un invierno político largo y duro invade estos primeros días de primavera. Los frentes pronosticados por Idoia Nieves, exdirectora gerente de la Hacienda Tributaria, dimisionaria por “persistentes injerencias” políticas, han entrado de lleno a pesar de que la consejera Lourdes Goicoechea pretendió cambiar el mapa de isobaras y distraernos de aquellas predicciones. La calma artificial fabricada por UPN ha derivado en tempestad. Las serias perturbaciones afectan, como se adelantó, a la Universidad de Navarra, al Club Atlético Osasuna y al Convenio Económico: ciclogénesis tributarias. La Universidad de Navarra tenía obligación de tributar por las matrículas gratuitas para hijos de empleados, al tratarse de un “rendimiento del trabajo” y no de un “beneficio social” (sentencia del Tribunal Económico-Administrativo Foral). La Inspección de Hacienda abrió acta sancionadora por varios ejercicios de impago, los anteriores a que UPN y PSN acordaran en enero de 2012 una modificación legal para que esa gratuidad se reconociera como “beneficio exento de tributación”. A la consejera foral y amiga personal de Barcina le dolía hacer la puñeta al Opus Dei con esa mirada inspectora y recaudatoria al pasado. Ahora está pendiente de acuerdo si el tributo deudor se calcula a precio de mercado o a precio de costo para el centro de esos alumnos. La situación financiera de Osasuna tiene su partida más gravosa en la deuda con Hacienda, consentida por la condescendencia cómplice -no indolente sino activa- del Gobierno de UPN. De los aplazamientos de pago incumplidos se pasó a la alarma de insolvencia con el descenso de categoría. Y el contencioso con el IVA de VW -un drama para la viabilidad financiera foral, bien representado en sus respectivos papeles por Montoro y Barcina- ha obligado, en fin, como desenlace transitorio, a una revisión del Convenio Económico entre Navarra y el Estado. Han vuelto las nieves. Y las cosas de Nieves.
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