Una de las cosas más sorprendentes que tiene lugar en las campañas electorales -aquí llevamos meses en campaña, aunque oficialmente empiece el 8 de mayo- es cuando se da la circunstancia de que el candidato del partido en el gobierno es nuevo y no la actual presidenta o presidente, como ocurre en el caso de Javier Esparza, que casi se diría que ni es de UPN desde hace años ni ha sido o es miembro del gobierno, como es el caso. Comenzó por ofertar plazas en Educación tal que si cayeran del cielo, lo que provocó una rectificación por parte de Educación y la posterior rebaja de lo ofertado, continuó con el órdago a Barcina para que no se presentase a la lista y su eliminación por ahora de cualquier acto preelectoral y ha seguido con el anuncio de que consolidará 400 plazas fijas en Salud, algo que dista radicalmente de lo vivido en la todavía actual legislatura. Y, lo más potente, Esparza insistió a la hora de anunciar esas plazas en que, de gobernar él, dejaría mucho mayor peso en la definición del nuevo modelo sanitario en “manos de los profesionales”, precisamente una de las quejas -y de los lastres internos- más notables que ha vivido Marta Vera en estos cuatro años. Esto se mire como se mire es un sartenazo en toda la cara a su compañera de gabinete, que a lo largo de este tiempo ha recibido innumerables críticas por parte de todos los sectores médicos y también -y muchas- por ser creo que la primera persona que dirige Salud sin una formación específica. Así que, por lo que se ve, a Esparza su equipo de campaña no ha dudado en aconsejarle que rompa y cuanto antes mejor con todo aquello que ha sido percibido como nefasto por la ciudadanía navarra y hasta por los propios votantes de UPN, aún a riesgo de dejar con el culo al aire a aquella que le puso en la carrera para ser presidenciable y de momento a dos compañeros de gobierno. A degüello.
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