En la panadería Caballero Okindegia de Sangüesa, Mikel cuece las últimas barras de pan. Es el pan congelado que le queda y quiere aprovecharlo. Hace días que dejó de cocer el suyo. Se apagó el horno y, sin su calor, la panadería se ha quedado fría. El 26 de diciembre al término de una hornada, saltó una avería grave que provocó llama al exterior. “La avería del horno era gorda e implicaba un desembolso importante, más de 35.000 euros . A estas alturas, yo sentía: ‘ni te lo pienses’. Era dedicar una parte importante de los ahorros de mi vida a solventarla para un oficio sin continuidad”, cuenta Mikel Caballero Lobera, el último panadero del negocio familiar casi centenario.
A primeros de enero, colgó el cartel: “Lamentamos comunicar que panificadora Caballero cesa su actividad por fuerza mayor. Agradecemos todos estos años juntos”. Para entonces, Mikel ya había tomado una de las decisiones más importantes de su vida: el cierre que fue oficial el miércoles pasado, día 28.
Con 61 años, 42 de ellos de panadero, su decisión ponía fin a la actividad que el abuelo Asuncio Caballero abrió en 1929. Lo continuaron sus tíos Jesús Mari y María Josefa y su padre, Andrés Caballero, que le metió en harina cuando tenía 19 años. Con él, llegaron a ser 6 los trabajadores sin descanso. “Hemos amasado, rayado el pan, hemos hecho migas, pastas, repostería, asados, hemos repartido a bares y tiendas. Nos ha tocado además, engrasar las máquinas y por supuesto, hacer facturas” detalla. A esto suma atender el despacho del pan, con lo que el mostrador tiene de escucha. Con su furgoneta de reparto ha llegado a Eslava, Cáseda, Rocaforte, Lumbier... en un tiempo en el que había cinco panaderías en Sangüesa. Hoy solo queda una.
“El pan ha sido muy importante, un elemento básico cuando no había nada. Ahora han cambiado los hábitos y el consumo ha bajado mucho. Tampoco se tira. Tal vez en la pandemia aprendimos a comer pan del día anterior y a aprovecharlo. La gente pretende ahorrar céntimos en el pan, no repara en su calidad, y destina los ahorros al ocio, que es lo que prima hoy”. Añade que el oficio de panadero es incompatible con el tiempo libre. Él lo sabe bien. “Hemos trabajado mucho, siete días a la semana, desde las 4 de la madrugada. Un bar puede cerrar, pero una tienda no. Los panaderos pequeños siempre estamos ahí. Este oficio lleva inculcado el servicio y el compromiso. El pan tiene que llegar como sea. Yo he ido a repartir en Rocaforte nevando a pie, con la mochila de casa en casa”. El reparto genera vínculos, y los 18 vecinos y vecinas del pequeño concejo, ya le están echando en falta. También en Sangüesa se siente el vacío en el rincón de la plaza de Santiago. Adiós al pan diario, diverso, rico y artesano, a los roscos de Reyes y de San Blas. “Dejan dinero, pero son muy laboriosos, reconoce.
El trabajo de autónomo tampoco le ha permitido atender a su salud. “En 42 años me ha pasado de todo, pero no he podido dejar de trabajar. Los panaderos cogemos catarros, gripes... pero no puedes parar.Nunca he trabajado menos de 11 ó 12 horas diarias, verano y fiestas señaladas,más y hace solo cuatro años que me cogía 10 días de vacaciones”.
La avería del horno ha llegado en el momento en que a Mikel le rondaba la idea de cambiar el chip. Ya no me escocía no poder salir por la noche como cuando era joven, pero la edad, la muerte de tres amigos me ha hecho replantearme la vida y desear ganar tiempo”. En sus planes está seguir trabajando y cotizando (en abril cumplirá los 62) por cuenta ajena, en Lumbier, donde vive con su mujer, Soco Nicuesa, y su hijo Iker que no tomará el relevo. “Yo no quiero que lleve la vida que he llevado yo”, apunta convencido.
Mikel recuerda cuando su padre le dijo: “Si vienes a trabajar de panadero, asume que vas a tener que decir que no a todo.A mí me ha gustado este trabajo. He sido feliz haciendo el pan y ahora quiero ser feliz haciendo otras cosas” expresa con determinación. Afronta la nueva etapa como un reto, con ganas. Le permitirá disfrutar de sus aficiones: monte, piragua, fotografía... Y las dificultades que encuentre, asegura, las salvará con ilusión”.