A Eduardo Madina le han hecho un hueco, o se lo ha hecho él mismo, en la candidatura electoral del PSOE madrileño. De ese modo se garantiza un escaño en el Congreso. Por fin se ha encontrado, o le han encontrado, acomodo estable para el siguiente lustro. Cuentan que antes se negó a representar en tercer lugar a los socialistas vizcaínos, pues no era seguro el puesto de trabajo. Como alternativa se le ofreció encabezar la lista de Álava, idea que al parecer no fue de su agrado ni del de la militancia. Su futuro, pues, está resuelto en La Latina. Enhorabuena. A mí me gusta mucho Madrid, poblachón manchego que definido así por Mesonero Romanos y repetido por Umbral queda dabuten. Recordado por un pringao periférico me temo que mola menos.
Supongo que ahora en los mitines castizos le tocará comer churros, afirmar que allí nadie es forastero y aseverar que él se siente un chulapo más. En los saraos con seguidores gafapasta deberá venderse como ciudadano de mundo y como tal gato de pro. También supongo que si el infortunio o el deber lo hubieran forzado a presentarse por Álava o Bizkaia su discurso incluiría una defensa sin complejos de la capitalidad vitoriana o de la pujanza bilbaína, según. Entonces le correspondería degustar caracoles o bacalao, buscar la foto con Celedón o con Fito y lamentar que el norte no se conoce como es debido en el centro. Yo ignoro si con su decisión ganan los vecinos de Fuenlabrada, los de Llodio o los de Apatamonasterio. Lo que sí creo es que a la hora de tomarla le han importado todos una mierda, palabra que en boca de Pérez Réverte huele a popular y que en la nuestra como que apesta. Somos unos provincianos, tron.