Síguenos en redes sociales:

Dinero público

Uno de los aspectos de las legislaturas precedentes que más encrespaban a los contribuyentes era la sensación de aleatoriedad -y posterior impunidad- y hasta amiguismo que se traslucían en inversiones que el Gobierno acometía de la mano de algunos de sus satélites, caso de Sodena, donde brillan con luz propia el fiasco de Los Arcos, el agujero de Senda Viva o el de Caviar Per Se, en el que se cavaron 8,7 millones de euros que se han ido a la mierda, por no hablar de la decisión casi solamente propia de Francisco Iribarren de vender EHN y comprar acciones de Iberdrola. Esa sensación de que por instintos, compromisos, cuestiones más oscuras o puro azar se mete pasta aquí y no allá. Por eso, la decisión personal del nuevo vicepresidente de Desarrollo Económico de invertir en una empresa un millón de euros a través de un préstamo participativo de Sodena pero sin que Sodena haya estudiado el caso ni emitido informe alguno es un inicio pésimo, por mucho que el propio Ayerdi explique que es una empresa que se adapta perfectamente al futuro empresarial navarro que se pretende buscar y que era un dinero que la empresa necesitaba o ya o ya. Esto no funciona así, no funciona con informes de un departamento que es el que los traslada al Gobierno para que adopte un acuerdo en el que se inste a Sodena a meter la pasta ya, porque entonces Sodena no sirve para nada, más que para decir amén a lo que diga el gobierno, y no le hace falta gerente -que aún no tiene- ni consejo de administración ni trabajadores ni nada. Y arrancando así no solo se echa sombra sobre este caso concreto sino sobre futuros. Sodena por supuesto es una herramienta del Gobierno, con trabajadores expertos -que pueden errar más o menos, como todos- y que siempre actuará con aprobación del mismo, pero de ahí a convertirlo en una mera marioneta de un único miembro del Gobierno hay mucho.