Dopaje literario
La navarra Maribel Medina, que en su primera novela abordaba el mundo del dopaje, ha comentado en una entrevista que “el atletismo es una estafa, gana el mejor de los dopados”. Medina, casada con el exatleta navarro Andrés Martínez -3.39 en 1.500, en 1994-, también comentó hace un tiempo que “Andrés podía con todos, incluso con los que luego le ganaron. Cuando vio que había que dar ese salto (doparse), no lo hizo. Andrés estudió y tenía esa opción, pero otros no saben hacer otra cosa y tienen que aceptarlo”. En esta reciente entrevista señalaba a su vez que su marido competía en la época de “Fermín Cacho, Reyes Estévez, Abel Antón...”. La conclusión es lógica: Cacho, Estévez y Antón se dopaban. También aquellos que bajaban de 3.39 en 1.500 (el primer hombre en bajar de 3.39 en el mundo lo hizo en 1957, 37 años antes que Martínez. En España se bajó en los primeros años 70) y, en resumen, todos los atletas de elite. Como novelista, Medina puede hacer lo que quiera, pero en sus declaraciones debería tener mucho más cuidado, especialmente si generaliza -sin pruebas- y si da nombres propios -sin pruebas-. Como navarro, aficionado al atletismo -vi correr decenas de veces a Martínez, tenía mucho talento- y periodista deportivo esta clase de afirmaciones infantiles y populistas carentes de toda base documental, que generalizan o señalan sin pruebas y una de cuyas premisas es el amor profesado al marido me sacan de quicio. Claro que el deporte de elite en parte o mucho es un charco -lo sabe un niño de teta, es así desde finales de los 60-, pero si para vender novelas hay que olvidarse de ser riguroso, justo, valiente y no meter a todos en el mismo saco debe saber Medina que pierde todo el respeto que se le debe tener a una autora que basa parte de su trabajo en hechos reales. Hay que ser rigurosos a muerte con el dopaje, pero también con lo que se escribe o dice.