La peor combinación
El viernes despidieron al que ha sido jefe de prensa de Osasuna durante los últimos 15 años. El hecho de que lo considere un amigo y un gran profesional -algo compartido por todo el periodismo deportivo navarro- no manipula la idea de que si es por ahorro económico inicialmente no es discutible. Pero lo es. Lo es porque el ahorro es ridículo, porque el valor de disponer de un profesional con el bagaje y eficacia de Guillermo Pérez es muy superior a su coste, porque el hecho de estar en Segunda apenas repercute en el volumen de trabajo -cargarle a un empleado con trabajos que no le correspondían supuso la vergonzosa eliminación de la Copa-, porque en el casi un año que lleva la directiva ni se han preocupado de conocer el funcionamiento de Comunicación ni mucho menos de planificar nada, porque no es lo mismo gestionar un club de fútbol que una empresa de tornillos. ¿Quién lo ha despedido, en todo caso, el gerente, ese asesor externo cuya contratación hizo la junta de manera unilateral, la directiva, el presidente, el mismo que apenas cuenta para su propia directiva? Bajar gastos es sencillo. Restas, sumas y quitas. Tirado. Lo hace un bobo. El asunto es si lo que quitas no acaba costando más por otra parte. Esa otra parte es transmitir improvisación, falta de planificación seria -esto es: falta de trabajo, de compromiso real y eficaz-, vaivenes, oscurantismo, debilidad interna, diferencias en la junta, sensación transmitida de estar en manos de una junta inestable, perdida e influenciable y con la misma idea de llevar un club que la que pueda tener yo: cero o casi. Pero si no escuchas a los que ya hay dentro -ni a los socios, no escuchan tampoco las ideas de Proyecto Kutz-, ni los valoras, ni los cuidas -aunque finalmente decidas echarlos- es o que te viene muy grande o que te crees demasiado grande. O ambas cosas, que es la peor combinación posible.