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Resulta obligado que bien el consejero de Educación o bien la presidenta del gobierno sean capaces de explicar con mayor precisión la oferta pública de empleo que Educación va a sacar para 2016 con 320 plazas de profesor y 228 de ellas -el 71%- en euskera. Digo mayor precisión porque ayer Mendoza se limitó a decir que “corresponde a un planteamiento sobre necesidades a cubrir”, que es como no decir nada. Sin el como. Es no decir nada. Es básico que expliquen qué necesidades a cubrir hay tanto para euskera como para castellano, qué ratios de profesores fijos se manejan en ambas, de qué números exactos y precisos estamos hablando, ya que si no ofrecen esos detalles que no les extrañe que la sensación que se transmite es que se está discriminando -mucho- a los profesores castellanoparlantes y a los castellanoparlantes en general, la gran mayoría de esta sociedad. No vaya a ser que estos quieran irse al otro extremo de la cuerda, en la que UPN discriminaba y minimizaba el euskera, no vaya a ser que ahora se magnifique y que cualquier persona con euskera disponga de muchas más opciones porcentuales de convertirse en funcionario público que uno que no lo tenga. Porque eso no es preservar, fomentar, defender y amar una lengua, sino valerse de ella para contar con ventaja -injusta- sobre los demás. ¿Euskera? Todo el que quieras, pero adaptado a la realidad lingüística de la población y a la demanda real que exista, no a una demanda imaginaria o cuando menos a una situación que ayer no explicó Mendoza. Ya tuvimos un régimen muchos años, no necesitamos otro, ni que quienes han tomado el relevo no expliquen las cuestiones como tampoco hacían los anteriores, ni necesitamos que se funcione por el acción-reacción. Todo lo que no sea ofrecer un análisis mucho más claro y pormenorizado que justifique estadísticamente la decisión tomada será un fiasco y una cacicada.