Hecho diferencial
La algarada que se ha formado tras la torpísima puesta en escena inicial de la OPE de Educación por parte del consejero Mendoza no ha hecho sino reforzarme en la idea de que vivo en un lodazal, incomparable con ninguna otra comunidad, ni siquiera esa Cataluña que al menos tiene en el catalán un punto de unión casi masivo y que nadie utiliza para aporrear al contrario, al menos no como aquí, ni de lejos. Aquí quedan creo que generaciones para que las cosas, sean cuales sean, en la que esté metido de por medio el euskera sean tratadas de una manera medio normal, básicamente porque una parte bastante importante de la población oye algo en euskera y se le llevan los diablos, uniendo toda clase de líneas de puntos que conducen a, yo qué sé, nacionalismo, aber-tzalismo, ETA, sucursal de Bilbao, etc, etc, etc. Esto es social y mediático, así de claro, y también se traslada a sindicatos, partidos políticos y buena parte de estamentos. Solo ocurre aquí y cualquier iniciativa en la que se mejore o incremente la presencia del euskera es tratada como un apocalipsis o una OPA hostil, ya sea la iniciativa lógica, justificada o una completa insensatez. Da igual. Para una buena parte de la gente las razones o datos que se esgriman son inútiles: detestan ese idioma y todo lo que representa, incluidos a quienes lo defienden o utilizan, que por supuesto también en algunos casos tienen su parte de responsabilidad histórica e incluso en la actualidad. La enorme torpeza comunicativa inicial de Mendoza, la desvergüenza del anterior gobierno ocultando un informe cuando menos muy explicativo, la división sindical, la división política, la división antagónica e irrecuperable de muchas personas, la escasa o casi nula información que casi ningún ciudadano busca de una manera tranquila -lleva su veredicto emitido de antemano-. Un sitio agotador, de compleja solución.