Síguenos en redes sociales:

París

Bien, supongo que a estas alturas ya está todo dicho acerca de los atentados de París, incluyendo la rabia, el estupor, el desasosiego, la tristeza, la solidaridad, la crítica porque no reaccionamos igual cuando los atentados no son en Occidente - o más bien no reaccionamos-, el análisis geopolítico, las predicciones para el futuro, millones de frases de consuelo, iconos en las redes sociales con los colores franceses o la Torre Eiffel, millones de frases advirtiendo de que mañana nos habremos casi olvidado de esto y dentro de una semana aún más, ira por el papel de Occidente en la crisis de los refugiados... Todo, el catálogo completo estará dicho. Es más, posiblemente ya estuviera dicho apenas un par de horas o tres tras los atentados, mientras se iban encajando los detalles de ubicaciones, número de asesinados y truculencias varias, amén de las declaraciones de los principales líderes mundiales, nacionales, locales, municipales y de cada comunidad de vecinos, por no hablar de las muestras de apoyo personales que todos emitíamos desde nuestra silla y desde nuestro ordenador mientras el horror sucedía. Todo esto, con sus especificidades, ya lo hemos vivido en mayor o menor grado y al menos a mi me ocurre que pasado un tiempo escandalosamente corto me invade la sensación de que vuelvo al punto de partida, sin una sola respuesta, sin nada útil que aportar, con miles de incógnitas, enormes agujeros negros de desconocimiento, desconfianza ante el papel del mundo desarrollado y, por último, el cansancio de haber vuelto a leer un libro de 800 páginas triste, aburrido e inexplicable aunque plagado de tópicos, lugares comunes e inutilidades, tan inútiles como los muertos de París en un mundo demasiado complejo y atroz como para no caer en la necesidad de querer olvidarlo casi al instante, hasta la próxima. Supongo que a esto se le llama deshumanización.