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Responsables

Cada vez me sorprende más la aparentemente enorme facilidad con la que buena parte de la población adquiere sus certezas, algunas de las cuales las reafirman en la medida en que enfrente encuentren a otro grupo de personas que opinen o lo contrario o casi. Esto es: aún creo más en lo que creo si gente como tú o como esos creéis lo contrario o no lo creéis con la misma intensidad sin dudas con la que lo creo yo. Es un mecanismo mental curiosísimo, en el que supongo que con mayor o menor intensidad caemos todos según los temas. Está pasando con el asunto del inglés en la educación. Calculo que ningún padre o madre del universo son tan cafres como para sumarse a una corriente de opinión o de acción sin haberla valorado bien y con datos y hechos a su alcance, pero conociendo un poco la sociedad en la que vivimos tampoco es de descartar que haya algunos -o muchos- que crean que educar en inglés -o en bilingüe- es bueno “sí o sí” y cuanto antes mejor, por el famoso artículo 33. No sé, imagino que todos los que durante unos años tenemos vidas ajenas en nuestras manos queremos hacerlo lo mejor posible, así que no tengo por qué dudar que todos haremos lo mismo: leer sobre el tema todo lo que caiga en nuestras manos y, si no, buscarlo. A fin de cuentas, no es sobre nuestro futuro sobre el que vamos a decidir, solo somos una estación de servicio a la que le ha sido entregada una persona, por lo que encontrar voces autorizadas y expertas lo más alejadas posible del contexto político local y sí centradas únicamente en el aspecto pedagógico es tan obligatorio como no darle de comer alimentos podridos, ¿no? No se trata de volverse loco o neurótico, pero qué menos que informarse y, cuanto más alejadas estén las fuentes de información de este magma grotesco que es esta comunidad, mejor. No, no tengo por qué dudar que esto es lo que hace todo el mundo. ¿O sí?