Cabeza bajo el ala
Una costumbre básica de una parte de la sociedad pamplonesa consiste en justificar cualquier asunto siempre y cuando otra parte se haya opuesto mínimamente a ello. Desde que tengo uso de razón, centenares de cuestiones que podían estar bien, mal o regular eran defendidas a capa y espada si lo que antes se llamaba HB y ahora en parte es Bildu mostraba públicamente su crítica a una cuestión concreta, aunque fuera solo uno de entre varios o muchos de los grupos o espectros sociales que criticaban algo, con mayor, menor o ningún acierto. Si esos en concreto se oponían, entonces había que defenderlo contra viento y marea, sin, por supuesto, realizar análisis ninguno, ni autocrítica ni, obviamente, propósito de enmienda. Estaba bien y punto. Y la plasmación de que estaba bien era que estaban en contra aquellos. Entre medio quedaban miles de personas que opinaban sin adscripción política de ninguna clase y cuyos sentimientos, derechos y sensaciones eran mandadas al basurero, en parte también por la asombrosa capacidad que tienen algunos de autoadjudicarse la oposición a algo y por la nauseabunda manera de otros de, utilizando este único y falso argumento, negarse a cambiar o variar nada. Pasa también con el rey negro o pintado, cuando Bildu ni existía cuando hace ya muchos años parte de Pamplona comenzó a solicitar que por puro respeto a la raza negra no costaba nada que lo interpretara un negro. Esto sí que es muy prepolítico. Esto tiene que ver con el respeto a los demás, algo que no solo ha solicitado el actual alcalde sino también el anterior. Y miles de pamploneses hasta los huevos de tanta manipulación y de aldeanos predemocráticos, cuando no hay nadie capaz de defender sin sonrojarse que representar a un negro si hay negros que pueden hacerlo magníficamente -parece que hay que ir al Actor’s Studio para ser Baltasar 3 horas- no es un desprecio a los negros.