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Baltasar

Como la gran mayoría de los pamploneses pasé de la alegría y el agradecimiento sincero a Fernando Lizaur por dar entrada a una persona negra para que encarnase a Baltasar a la incredulidad y el enfado posterior tras escuchar las palabras que el nuevo Baltasar pronunció en el ayuntamiento. Y, como la gran mayoría, me equivoqué, dando por supuesto que esas palabras eran fruto de una orden o de Lizaur o de la Asociación. Me equivoqué, sí, y mostré mi enfado en las redes sociales, por lo cual no puedo sino pedir disculpas a Lizaur por creer que algo así, tan surrealista y enrevesado y que iba contra todas las reglas no escritas de una cabalgata, había sido obra suya. Con la debida prudencia, pienso que todas las personas dicen la verdad y por tanto no tengo ningún derecho a no creer lo que asegura el nuevo Baltasar cuando afirma que fue una idea suya. Fue un error, al que siguió el error de muchos de nosotros -yo incluido- y lo mejor sería dejarlo ahí. Llevamos muchos años en los que los días previos al 5 de enero y el propio 5 se habla más de personas reales que de lo que habría que hablar y si Lizaur finalmente ha decidido que ha llegado el momento de que la cabalgata entre en el siglo XXI y un negro de verdad haga de negro hay que celebrar el hecho y ya. Claro está que no ha sido sino la cerrazón del propio Lizaur durante más de una década la que ha ido derivando en una situación estúpida, negándose por activa y por pasiva a escuchar una amplia demanda social que nada tiene que ver con la política, situación que tuvo su punto culmen el martes. Esa cerrazón es la que condujo a que el 99% de nosotros creyéramos que su mano estaba detrás de las palabras del ayuntamiento, aunque eso no nos exime del error. Pero ahora solo resta quedarse con el paso dado, que esperemos sea definitivo, y agradecerle la labor de tantos años, puesto que una cosa no quita a la otra.