Y muy fuerte
Participé en el Torneo Interescolar 83-84 y también en el 84-85. Yo era bajo, flaco y tenía poca fuerza. Vamos, como ahora. El primer año apenas jugué, pero no sé cómo me las apañé para meter dos goles, y el segundo ya fui titular, aunque no metí ningún gol. En 1983 quedamos cuartos y, en 1984, terceros. Parezco el pelma de Bahamontes contando batallitas. Sí, efectivamente, jugábamos en campos embarrados de arena, 11 contra 11 y el balón pesaba como un muerto. Creo recordar que ninguno de nosotros vio su nombre impreso en ninguno de los dos periódicos que entonces, también como ahora, se imprimían en Navarra. A lo sumo daban los resultados, las alineaciones de la final, alguna foto suelta y poco más. Creo, sinceramente, que era lo adecuado. Éramos, como los de ahora, chavales de 10, 11 o 12 años. No es que entonces no hubiese un montón de páginas de deportes. Las había. Quizá no tantas como ahora, pero las había. Incluso había hueco para detallar las clasificaciones de los campeonatos navarros de atletismo en todas las categorías y, aunque el fútbol para mayores ocupaba más espacio que otros deportes, de profesionales para abajo había mucha mayor equidad. Un mocoso de 11 años era un mocoso de 11 años, así jugase al fútbol, corriese, jugase a pelota o hiciese judo. Hoy el mocoso de 11 años futbolista igual ha visto su foto estas pasadas navidades 6 o 7 veces en la prensa, su nombre impreso unas 20 y hasta algún periodista le ha puesto mote. Es del género gilipollas la idea entera. Lógicamente, nuestros padres no pisaron Tajonar ni en pintura. Hoy igual bajan hasta los abuelos, la tía segunda y el crío se pega todo el torneo comiendo hidratos de carbono. Es posible que yo también me convierta en un padre gilipollas que no entiende que si su niño juega al fútbol no salga en la prensa en Navidad. Llegado el caso, denme dos hostias con la mano abierta.