Bandoleros
En el fantástico El corralito foral, Iván Giménez, amén de detallar numerosísimos hechos pasados -y sus consecuencias en el presente- que deberían ser de obligada lectura en las escuelas para que los niños navarros sepan por dónde se andan y también para los que no somos niños para darnos cuenta de por dónde hemos andado, recuerda que Tornillería Fina de Navarra S.A. fue una empresa creada en 1955 a la sombra de Imenasa, del Grupo Huarte, que llegó a tener más de 1.000 empleados y que fue finalmente vendida en 1984 cuando el Grupo Huarte comenzó a perder fuelle. Torfinasa es hoy TRW, desde 1984 en manos estadounidenses y desde hace apenas un año en manos de un gigante alemán que cuenta con aproximadamente 70.000 empleados en medio mundo, más de 100 centros de producción en 26 países y, según su propio informe anual realizado en 2015, unos beneficios en 2014 de 672 millones de euros. Ahora dicen que a la planta de Landaben les sobran nada menos que 250 de sus 620 empleados, aunque leyendo la información que aporta el propio comité de empresa lo extraño es que no quiera echar a los 620 mañana mismo. Es sencillamente indignante cómo una empresa puede imputar a uno de sus centros de producción costes y pagos que no le corresponden, cómo puede no adjudicarle ingresos que sí le corresponden y cómo, en general, las leyes permiten tanta desvergüenza incluso dentro de una misma empresa cuando el objetivo de esta es descapitalizar una ubicación en beneficio de otras. No solo te dan por el culo, es que además te dicen que ha sido sin querer, por ciencia infusa, que las cosas han ido así. No sé qué puede hacer o no una plantilla ante esto, pero todo lo que tenga que hacer -mucho o poco- un gobierno o una sociedad entera hay que hacerlo. Que se vayan si es lo que quieren, pero que al menos digan la verdad, devuelvan lo que no es suyo y cumplan con sus obligaciones.