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El bien

por el bien de España. Eso es para lo que el nuevo diputado de UPN Íñigo Alli les ha pedido a PP y PSOE que lleguen a un acuerdo y elijan al próximo presidente del gobierno: “por el bien de España”. El bien de España de PSOE y PP llevó a España a las tasas de paro más altas de Europa, unas tasas que aún se mantienen por encima del 20%, les llevó a cambiar la Constitución a su antojo en pleno verano, a salvar a la banca en detrimento de los ciudadanos, llevó al exilio a miles de jóvenes a los que cerca de 20 años de esfuerzo propio y ajeno no sirvieron para nada -hace falta ser cabrones para arrasar de cuajo las ilusiones de tantos millones de personas, lanzados a un mercado laboral destruido que les trata peor que a las reses-, machacó derechos laborales y sociales por los que muchos pelearon durante décadas dejándolos inservibles, permitió cuando no colaboró con decenas de corruptos que hicieron y deshicieron a su antojo, levantó un país de obras, infraestructuras y cemento inútil que pagaremos por muchos años y, por no seguir, consintió que la brecha entre unos y otros alcanzara cotas no igualadas en democracia, que las condiciones de vida de millones de personas retrocedieran décadas -el color de la TV de ahora no maquilla la dureza de las imágenes de pobreza, que en los 50 o 60 se veían en blanco y negro-, que el futuro de otros muchos millones sea un futuro de salarios de miseria, incertidumbre y, lo que es peor, la sensación cuando no la certeza de que el trabajo digno y la honestidad personal suponen casi una heroicidad en un país dominado por ratas. Esto ha sido el bien de España. El mal no sabemos ni cuál es ni cuál sería, pero el bien ha sido este, estos últimos ocho años, al menos. Comprendo que quieran que siga lo de siempre. Pero, por favor, tengan la decencia de no apropiarse de la palabra bien. Es de todos. Las palabras aún son de todos, por ahora.