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Mala pinta

Ayer vi íntegra la comparecencia del director de TRW Pamplona, Parn-ham. El inglés expuso toda una ristra de datos tremebundos acerca de la fábrica de Pamplona y posteriormente contestó a los grupos parlamentarios, algunos de los cuales -especialmente Couso, de Podemos, que se había trabajado el asunto a conciencia- estuvieron perfectos. En el turno de réplica de Parnham a las muchas preguntas concretas que se le hicieron no hizo sino repetir machaconamente lo que había comentado inicialmente y, básicamente, obviar respuestas y concreción. El resumen de lo que dijo viene a ser que esta sede es la más cara, ineficaz, vaga y deficitaria de TRW en toda Europa -responsabilidad de la empresa: cero-, que los 250 despidos son la única manera de no cerrar la planta entera ya mismo, que las pérdidas son de más de 60 millones en 5 años -responsabilidad de la empresa: cero- y que a pesar de todo eso no tiene encomendado por la multinacional ir preparando el cierre definitivo. En todo su discurso, ni una sola crítica al grupo ni a la dirección y, de cara al futuro, toda la responsabilidad y la fe ciega en manos de los trabajadores. Si sois buenos, igual respiráis, aunque lo mismo no. Si sois malos, seguro que no. Todo ello ungido del clásico discurso new age de vamos todos juntos y para sobrevivir hay que cambiar y toda esa basura vacía, sin, eso sí, ni un solo plan detallado de cómo salir de esta sino solo renuncia y fe, con lo cual es prácticamente imposible creer que diga la verdad y que de aquí a 3 o 5 años no bajen la persiana, paguen lo correspondiente y en un plazo de unos 5 años o menos recuperen lo perdido con el ahorro de salarios que supone deslocalizar tras prorratear la carga de trabajo en dos o tres sedes con costes laborales mucho más bajos. Vamos, una de las muchas vías de agua que abrió la reforma laboral que aprobaron UPN y PPN, ayer tan compungidos.