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Decepción

Por mucho que en general los osasunistas estemos más involucrados con la realidad del club tras los tejemanejes descubiertos, nos emocionamos con los chavales que vemos muy por encima de los que nos preocupa todo lo que no pasa en el campo. Y no comprendemos nada cuando Sabalza afirma que “no hay necesidades presupuestarias” para vender ahora a Merino pero que llevaban tiempo buscando una oferta por él o que “dos querían (supongo que Borussia y jugador) y el tercero (Osasuna) no se va a negar”. ¿Eso es defender a Osasuna, 29 meses antes de que acabe contrato? A ver, hasta donde yo sé, Osasuna tiene los derechos del jugador hasta junio de 2018, hay una cláusula y el que quiera llevárselo ahí la tiene, por mucho que sepamos que una cláusula es un indicativo, nada más. ¿Quiere decir Sabalza que a la primera oferta mínimamente seria y digna ha dicho que sí y ahora afirma que lo han hecho porque Merino si no no iba a estar centrado e iba a jugar lo que le queda a disgusto, duda de su profesionalidad, qué mensaje es ese hacia el resto de la plantilla, aquí se va a ir de antemano todo el que quiera? ¿O realmente hace falta el dinero para pagar la nueva deuda destapada por la última auditoría? ¿O, como se apunta por ahí, con esos 3,7 millones Sabalza quiere presentar superávit este año y así que la Junta Directiva no tenga que avalar la temporada que viene? Cada día, y sintiéndolo mucho, más harto de todo el rollo este de “club deportivo”. Acaba siendo -así es desde que en 1994 se fue Ezcurra- un nido de intrigas jamás resueltas, de decisiones clave -traspasar a tu estrella lo es- ni documental ni contablemente justificadas, sin obligaciones laborales para algunos de los que toman las decisiones cruciales y sin nada real que sustente “Osasuna es de los socios”. No, no lo es. Y nunca lo ha sido, más allá de elegir presidente. Lo de Merino es una prueba más.