Las desigualdades escondidas
No habrá habido ningún periodo en la historia de Navarra en el que se haya generado semejante volumen de información y opinión acerca de la educación como en estos seis meses precedentes, puesto que el cambio de gobierno está convirtiendo a muchos sujetos hasta ahora pasivos y pasotas en ciudadanos activos y ocupados, algo que bien se podría trasladar a cierta prensa, que ha pasado hasta a contar los clips después de toda una vida mirando al tendido. Eso está muy bien, es mucho mejor que lo anterior. Estaría también bien que continuaran en ese línea si en el futuro vuelve a cambiar el gobierno, no fuera a ser que el único problema acerca de la educación en Navarra tenga que ver solo con el euskera y los cambios que eso conlleva, que por ahora es lo único que está incomodando a la hasta ahora silenciosa mayoría, sin que esto justifique errores tanto de bulto como de procedimiento y hasta de planificación cometidos. Porque ése es el único monotema que ocupa el tiempo y esfuerzo de muchos. Y es triste que así sea, mucho. Leí ayer que el colegio público de Azpilagaña -con inmersión total en inglés- había sido visitado por varios políticos. Y leí sus datos: 27 nacionalidades y el 62% de los estudiantes inmigrantes. Esto es: hay menos locales que foráneos. Asuntos como estos, al igual que la atención a la diversidad intelectual, económica, social, cultural y no tanto la lingüística -o no solo a la lingüística- no preocupan a quienes sin remilgos hablan de apartheids, imposiciones, etc, etc, pero obvian o desconocen otras desigualdades, que la educación concertada ponga la mano para la subvención pero no se le obligue a cuotas de alumnado y mil cuestiones más que son necesarias para que este sistema mixto público-privado no sea tan desigual y por tanto injusto como ha sido y aún sigue siendo, aunque a muchos solo les exacerbe lo de siempre, el kaixo.